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Una amable lectora de mi post anterior me escribe para plantearme dos preguntas que, no por casualidad, son las más frecuentes y honestas que escucho de boca de muchos desconcertados ante las excesivas y, muchas veces, injustificadas teorías que tratan de sustentar el arte contemporáneo cerrando el acceso del público no iniciado al trabajo de los artistas.
La primera pregunta es tremenda: ¿quién tiene la autoridad para imponer lo que debe gustar o no a un interesado en arte? Es difícil contestar en dos palabras una pregunta que implica toda la filosofía que justifica el arte y su necesidad en el hombre, desde la prehistoria hasta hoy. Yo, que soy de la profesión y llevo en ella toda la vida, no he llegado a saber el porqué de esa necesidad humana de relacionarse con lo sublime, esas aspiraciones misteriosas de elevarse sobre lo cotidiano para moverse deleitosamente en un mundo de belleza, sea la belleza lo que quiera que sea, que esta es otra paradoja de la inteligencia.
Planteada la complejidad de lo que tratamos intentaré, sin embargo, ser preciso para no alimentar la confusión creada por muchos teóricos, bastante banal en ocasiones, que tornan esotérico un mundo que en realidad nos pertenece a todos.
Bueno, no a todos. Y aquí doy la primera clave para acercarse al arte: Es necesario afinar la sensibilidad y para ello se requiere sumergirse en el mundo artístico. No hay otro camino.
Cuando daba clases de pintura hace años, notaba y hacía notar a mis alumnos el hecho de cómo su mirada se iba tornando perspicaz y abierta progresivamente a medida que avanzaban en el conocimiento de la pintura. Se requiere un ejercicio de la mirada, un trabajo que es además placentero y emocionante, lo que debe liberarnos del miedo a que esa tarea resulte onerosa. Este fenómeno, por otro lado, es común a todas las artes.
Una vez hecho el trabajo de profundizar, mi consejo es que uno debe aferrarse a su propia sensibilidad para decidir por sí mismo lo que colma a su espíritu, sin intromisiones.
El arte auténtico es una comunicaciòn directa entre el trabajo del artista y su espectador y, por cierto, no por el argumento racionalizado de lo que ve, sino por las inexpresables sensaciones que le afectan y le despiertan.
En cuanto a la segunda pregunta de cómo hacer asequible la obra del artista al público en general es una preocupación que nos inquieta a todos. Tengo algunas ideas al respecto que ya expresaré para no hacer excesivamente largo este post.

